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El Segundo Tsunami


Lo viviste, te acuerdas claramente, alguien te lo recordó, lo escribiste y sin embargo... ahí vas otra vez. Con un par, dirían aquí.

El tiempo desdibuja los sentimientos, eso había oído y así es. Según recuerdo de las clases de psicología en la universidad,  uno lo que guarda de un impacto en la vida es un recuerdo vago de cómo te sentiste. Tiene que ser esa la razón de porqué cometes ese segundo crimen contra tu humanidad y vas, como si tal, y te vuelves a quedar embarazada.

Yo nada más te digo que antes de quedarme embarazada de Pablo estaba hecha un figurín, 60 kilos de peso, jeans 28, camisas M, una estándar en toda regla.  Era el primer embarazo y con  los problemas, la depresión y el cuento me metí veinte kilos entre pecho y espalda! Veinteeeee!!! Agarra ahí veinte bolsas de arroz y te las repartes por todo el cuerpo y después me cuentas!!!

Los 20 kilos no eran para siempre, claro que dejé de estar embarazada pero no dejé de estar gorda. Pablo pesó menos de dos kilos, vete restando. Lo que salió de líquido, bolsa y otras cochinadas fueron seis kilos, van ocho si redondeas al alza. Quedan doce, mi hermano, “patipasiempre”.

Después me ensartaron con el siguiente mito: -Tranquila niña, que dando el pecho pierdes un montón y te quedas chupada…- Eso le pasará seguro a Victoria Beckham porque lo que soy yo, le di pecho a mi niño cuatro meses y bajé dos kilos. Es decir que para cuando mi bebé ya no tenía nada que ver con mi leche ni con nada, yo llevaba diez bolsas de arroz mal repartidas entre caderas, muslos y michelines. Una gorda, en dos platos.

Mi amiga Laura no ha tenido hijos todavía pero acertó cuando me describió la situación como un tsunami, ¡qué precisión! Tener un hijo es un auténtico tsunami! Llega una ola y barre todo lo que hasta ahora tú entendías como "tu vida"

El segundo embarazo tiene sus cosas muy buenas, a ver, que tampoco hay que ponerse a gritar como con el primero, que uno sí está autorizado para llorar con moco pero fíjense, para seguir con el ejemplo de antes. 

Cuando sucede un desastre natural de estos, el sitio queda hecho una mierda, barrido, inundado, destruido. Lo que había antes, desaparece. Peeeero... también hay que decir que cuando se recupera, gana.

Ahí están los japoneses con sus terremotos sin ir más allá, se les derrumba todo a cada momento y cada vez lo reconstruyen mejor! Por supuesto, hay que hacer el trabajo de reconstruirlo, esa labor no se las quita nadie. Pues con los hijos igual, que si te compensan? Sí, y mucho, porque después de un tiempo te quedas como Tokio, que es una ciudad magnífica. Pero no olvides que surgiste de las cenizas y que tu antigua vida se fue con la ola que lo arrastró todo.

Ahora, que ya han pasado dos años del aquel primer desastre natural, ves el fruto de tu esfuerzo. Ahí está tu reconstrucción, la ciudad con el césped cortadito, todo de estreno y funcionando, ahora todos saben qué hacer, donde ir, como actuar, ya puedes sentarte tranquilamente en un banco, en lo alto de una colina modelo pradera, a contemplar el paisaje de tu vida y ver que prácticamente no hay escombros, (siempre hay alguno escondido porque los escombros son como las cajas de las mudanzas, no desaparecen del todo nunca) contemplas con deleite que todo funciona y dices: -Ya estoy lista!

¿Lista? ¿Cómo que lista? Pues no! Ahora es como si los vecinos de New Orleans estuvieran buscando su segundo Katrina! ¡Venga Katrina! Ahora que ya hemos puesto las paredes y reconstruido las casas, ¡venga! ¡Ven y bárrelo todo!!!  Todo además como un reto, los de New Orleans se sienten poderosos porque ahora pusieron las esclusas en su lugar y son más grandes y más fuertes, pero sabemos que cuando llega un tsunami, un terremoto, maremoto, Katrina, Sandy, Charly y la madre que los parió, arrasan con esclusas, con paredes de ladrillo, de hormigón, con las nuevas tecnologías y los materiales novedosos, con todo!

Pues si, con esa lógica aplastante, tú vas y ahí tienes: tus dos rayitas otra vez!!! Y ahí llega tu tsunami, auto-inducido en esta ocasión.

Después de la experiencia anterior, yo intenté ser un poco más organizada, y quizá un poco, un poquitiiiico, un pelín más, sí que fui, pero que va, mi personalidad modelo desastre natural se impone sobre mis otras personalidades. Llámame polifacética o bipolar, me da lo mismo.

Como yo ya estaba “lista” y para equilibrar la insistencia de Ricardo, que nació preparado, me planifiqué para “empezar a buscar” después de volver del viaje familiar, para estar en la boda de mi hermana y poder disfrutarlos a todos sin líos de embarazo de por medio. Ahora va a ser distinto, planifiqué mi próximo embarazo para Octubre, al regreso, sin estrés… y que sea lo que Dios quiera… 

Les resumo diciendo que el vestido que me llevé para la boda no me cerró debido a los esplendidos tres meses de embarazo que tenía cuando mi hermana se casó.

Lo intenté de verdad, lo del "plan" lo preparé y créanme, que yo sé qué hay que hacer para quedar embarazada cuando uno quiere. Pero es que quedarse embarazada de uno a la primera es un choque, pero del segundo a la primera, también??? ¡Coño, por Dios! Qué mundo desigual e injusto! Tanta gente que pasa meses o años buscando y deambulando por médicos, pastillas, midiendo temperatura, comiendo yemas en ayunas... Es que la naturaleza es radical! Unos porque no pueden quedarse y otros porque no pueden equivocarse!

Yo pensaba que ahora podría mirar esas páginas web que te dicen cuando ovulas, cuando es mejor, cuando es peor... comentar con mis amigas, sentadas frente a un café –Te digo, no sé qué hacer, llevo un par de meses intentando y nada, algo estamos haciendo mal y bla bla bla...

Mirando hacia atrás, menos mal que cuando era más joven extremé precauciones, porque a la vista está que tenía los números para ser una madre adolescente múltiple.

El caso es que yo seguía con mi plan de empezar a buscar en Octubre y en agosto ya estaba requete embarazada, pero como aún no estaba buscando, ni siquiera me di cuenta porque jamás anoté la periodicidad de mis reglas, para mi era un sorpresa mes a mes, ya sé que eso se debe hacer y yo lo he empezado a organizar mil veces, como los alcohólicos anónimos su vida sobria, hoy si que lo anoto! Y así hasta el próximo mes.

El caso es que tardé en darme cuenta de que estaba embarazada y en esos días de verano y de relax, con mi vida bajo control, me dediqué al disfrute. Salí, comí sushi, tomé alcohol, salté a la cuerda, no me quedó nada por fuera del manual de lo que "no hacer durante el embarazo" Me faltó una radiografía, porque no me rompí nada, que si no, voy derecho a hacérmela. Hasta comí carne cruda... no medio cruda, vuelta y vuelta, à point... no, no, cruda crudelia, steak tartare, que no comía desde hacía años y con ocasión de que es peligroso durante el embarazo, me embutí cuatrocientos gramos de carne cruda revuelta con huevo crudo también.

Una vez que descubrí que estaba embarazada, realidad más cruda que la carne, entré en pánico de no poder viajar, devolví el vestido que me había comprado bien apretado porque pretendía bajar de peso, compré uno más grande, que el día de la boda tampoco me sirvió y traté de llevarlo todo con presunta normalidad aunque está visto que la normalidad no se me da fácilmente.

Lo primero que me pasó, una vez asumido el terremoto lejano que lanzaba la ola hacia mí, fue hacerme las pruebas de sangre y exámenes diversos de estos casos y cuando fui al médico me encontré con el siguiente panorama

Doctora:  -Está todo bien, salvo una cosita, pero no creo que sea nada… algún un error de la prueba, a veces los valores se alteran por cualquier cosa…
Yo:       -Un error?... Pero de qué?
Doctora:  -Tienes aquí unos valores un pelín altos, pero es que las posibilidades son muy remotas, no te preocupes para nada...
Yo:       -Pero los valores de qué?
Doctora:  -A ver, como te digo… No creo... Tú has comido carne cruda el último mes?

Ca-ra-jo!!!!

Resulta que me salían altos los valores de toxoplasmosis (qué nombre siniestro!), que es un bicho que viene con la carne cruda y claro, la posibilidad de tenerlo es remota porque ninguna embarazada en su sano juicio come carne cruda.

Resumen de los primeros tres meses de ese segundo embarazo, un para allá y para acá infinito de exámenes, pruebas y sobre todo, de secretos, porque cómo dices que estás embarazada si en el fondo no sabes si el embarazo va a seguir?  Aquí no cabe el famoso –Es que estoy medio embarazada… Pero en mi caso, sin lugar a dudas estaba medio embarazada, a lo mejor las cosas salían bien y a lo mejor no salían.

Al principio pensé, listo, no se lo digo a nadie, porque además si tenía que tomar alguna decisión, prefería que sólo lo decidiéramos dos y no veinticinco, cada uno desde su realidad, su religión y su remoto país.

El problema de este plan radica en que no soy de estas flacas que hasta el mes siete no se sabe si tienen indigestión o embarazo, esas que se quedan chupadas al dar pecho y mantienen la leyenda maldita. Yo arrastro aquellos 10 kilos que jamás me logré quitar y soy de mala postura de tradición, así que no hay mucho para la imaginación.  

La boda de mi hermana era en la playa es decir, íbamos todos en traje de baño la mayor parte del día, encima estaría toda la familia presente, los primos que me dejaron de ver cuando era joven y liviana, todos.

Decirlo era malo, no decirlo peor.  Al final resolví aflojarlo poco a poco y sin celebración, pero no fue fácil...

-Primaaa… cuanto tiempo!, ¿cómo estás?! Cómo te tratan los gallegos? (inciso para los españoles: en Venezuela, español = gallego. No pretendemos ofender, nada de eso, es una manera de llamarlos, a lo mejor por el porcentaje de población gallega que llegó allá, que resalta, en fin, que nadie se sienta)…Qué tal te va…  Hace mucho que no venías, no?...Bueno, mal no te va, ahhh? (mirando fijamente tu bikini rebozado de carnes) –Qué? Mucho jamón serrano?, la tortillita, no?!... Ja ja ja, mírate! Estás hermosa… (o sea gorda).

- Siiii primo… qué bueno verte también… Pues sí, me va bien, pero no, no todo es comer jamón, ya sabes… También se trabaja y eso, además parte de la hermosura es que estoy embarazada…

Respiras hondo y por un segundo disfrutas de tu victoria, pero enseguida te vas a arrepentir cuando tengas que explicar.

-En serio? Qué bueno! Ay prima, no sabía! Como no me dijo mi mamá! (clásico rebote de culpa) Yo la mato!...  Ja ja ja…  perdóname vale, no sabía...

-No, si es que no lo sabe casi nadie (mentira, ya estás en la calle...) es que tengo unos problemitas ahí que a ver si se resuelven...

Ahí tratas de darle fin al tema, a ver si con la cara de lástima logras darte a la fuga y que el primo le pregunte a su madre o a otro qué coño es lo que tengo, pero eso no pasa, ¿quién no quiere saber exactamente qué sucede? y ahí te ves tú diciendo, -Es que tengo ta ta ta y ta ta ta… y hay que ver si...

Aquí viene la segunda parte del interrogatorio, en la que te toca develar tu vida, con lo bien que habrías quedado dejándolo que pensara que vives en España a punta de jamón y tortilla!

-Toxo qué!? Coñooo prima, qué vaina! Y tú tienes muchos gatos? Duermes con ellos?

-No, que va... Allá parece que es más probable contraerla por comer carne cruda

-Cruda!? Pero quien come carne cruda...?

Ya no hay vuelta atrás. 

Lo sabio habría sido no decir nada, pero no tengo suficiente personalidad para asumirme gorda.

Ese es el resumen del primer trimestre pues... un desastre, porque así va una por la vida, y aunque me quede embarazada cuatro veces sé que por “a” o por “b”, en alguna parte resbalo...

La parte buena es que tengo una vecina que tiene cuatro niños, es la única de las madres de la piscina del edificio que lee la Hola mientras sus hijos revolotean en el borde justo de la piscina (el mayor tiene cinco años, ojo!). La otras mamás, cada una con la mirada fija en su pequeño, corremos para allá y para acá, les gritamos, los regañamos, nos metemos en la piscina aunque el agua esté como un témpano, los jalamos para la toalla, etc. Un día hable con ella y le pregunté como hacía para estar tan tranquila teniendo una bebe gateando libre por ahí.

Me dijo, viéndome la panza y con un pelín de lástima: el primer hijo es un cambio increíble pero a los meses lo vas medio manejando, con el segundo pierdes los mandos absolutamente y crees que será imposible. Cuando vas a tener el tercero, te deja de importar tener las cosas controladas y el cuarto, ni te cuento, a ese lo crían los hermanos.


No me dejó más tranquila, sé que la ola se desata y viene a destruírmelo todo, pero es un hecho, viene. Así que voy a respirar profundo y esperar para empezar a reconstruir la vida para que me quede bonita y mejor que antes, como los japoneses después del desastre.

A más jodido, más puntos

Después de años viviendo en suelo español,  siguen pasando cosas de las que me sorprendo como si me hubiera bajado del avión ayer.

No paro de descubrir peculiaridades de vivir en el patio de otra gente... esta que aquí les cuento va de la lucha por la pobreza.


es verdad que llevo años aquí, pero claro, tanto descubrimiento y novedad tiene mucho que ver esa diferencia sutil en mi vida que tiene dos años de edad y que cada vez que cierras el grifo del agua o botas un papel en la basura te dice: -Muuuubien mamá…-

Esa pulga hizo que viviéramos una alegría que no puedo menos que compartir. Hablo de una alegría simple pero nos produjo una semana de conversaciones sobre el tema, un brindis, besos, abrazos, en fin… les cuento.

Hasta hace nada para mí “colegio público” y “dificultad para entrar” no podían encontrarse en la misma frase, pero eso ha cambiado y mucho.

Si alguno ha leído todo el trabajo que pasé para conseguir cupo en una guardería cuando apenas tenía 4 meses de embarazo, seguro que reparó en que nunca hablé de colegios o guarderías públicas. Y es que realmente en medio de aquel estrés, nunca me di cuenta que no había guarderías públicas... al menos, no a la vista.

Quizás me habría quedado con esa idea de que las guarderías solo eran privadas de no ser porque la guardería pública me encontró a mí. Está claro que  yo no había reparado en su existencia.

Cuando digo que me encontró a mí, es porque justo al lado de mi casa, donde había un terreno vacío que era parte del paisaje, levantaron una en tres días, la inflaron materialmente, como los Mc Donalds, que aparecen de un día para otro.

Fui testigo de como detrás de un cartel que rezaba: “aquí se construye una guardería de la comunidad de Madrid” se construía un edificio enorme, de una sola planta, con un patio gigante, ventanas generosas, piscina de arena, árboles y sobre todo, colores. Ni una pared blanca, una construcción que emula un Lego donde te da la sensación, por lo menos desde fuera, que ahí dentro sólo te puedes divertir. Ese aire que se respiraba en la infancia cuando uno entraba al museo de los niños? Pues así, pero desde la reja.

Cuando pasábamos por su lado diariamente, Pablo lo confundía con un parque he insistía en entrar. Ninguno de los dos teníamos idea de lo difícil que sería eso.

Ahora y después de haber vivido aquella odisea para entrar en la guardería privada, me sentía lista para buscar más y mejor.

Tenía varias motivaciones, la primera era ahorrar dinero, o por lo menos eso creía, más tarde descubrí que “público” y “gratis” no es lo mismo y que lo que te ahorras cambiando de privada a pública no te sacaba de pobre precisamente. La segunda motivación y la más relevante era la clara y arrolladora diferencia de infraestructura. Estamos hablando de comparar un tímido local comercial, trasformado en guardería privada, con sus carencias de base, un lugar que podría haber sido una tienda de ropa, un consultorio médico, una cafetería, cualquier cosa, contra un edificio diseñado para ser una guardería.

Seguí la obra de cerca, (por compartir acera, principalmente) y cada vez que veía los avances me preguntaba cómo era posible que yo estuviera pagando un montón de euros por un local comercial re-acondicionado, donde le llaman "patio" a un salón en el que confluyen las aulas y que no tiene ni una ventana? Ni un tragaluz!... Pero mi hijo cree que eso es un patio!!!.

Sin duda los dueños de esa guardería hicieron lo mejor que pudieron con sus recursos, que obviamente ni se acercan a las posibilidades de un gobierno. Pero el caso es que esto para mí no se trata de un negocio, es el lugar donde mi hijo pasa muchas horas! Y aunque en la guardería chiquitaja había dado con una maestra peruana de lujo, yo quería ventanas, luz y colores.

Lo primero para buscar como entrar en ese paraíso infantil fue recurrir a Google, y para los que creen eso que dicen que si no está en Google no existe, los reto!

No salía nada en ninguna parte! Misterio divino... Ausencia de información en la web, nadie sabe nada. 

No encontraba ni el nombre del colegio. No atienden por la puerta, no aparece el teléfono... Enigma total. Además del letrero y el edificio en sí, aquello “no existía”.

En esta nueva versión mía de mamá con empuje indetenible (porque les aseguro que si esto hubiera sido en otro momento de mi vida, lo habría abandonado cómodamente en el tercer click) llamé hasta el ministerio de educación buscando ayuda, indagué en todos lados, le dedique horas infatigablemente y así fueron apareciendo tímidas señas.

Conseguí averiguar que una vez al año, entre marzo y abril y con fecha exacta no revelada, publican en una página web, en un link, dentro de un enlace, dentro de la URL del la Consejería de Educación de tu municipio y de su puta madre, un listado de requisitos.

Tienes que montarle cacería a la publicación, no hay otra forma. Si lo logras, ya adelantaste a unos cuantos papás que están más despistados.

Sale un listado de requisitos tan rebuscados que empiezas a entender porque el otro colegio cuesta 500 euros... No tiene que ver con el cuidado de los niños, como pensabas tú.

La lista pide básicamente, constancias de cuan pobre y jodido estás en esta vida. Por si fuera poco, son capaces de valorarla por puntos, es decir,  a más jodido, más puntos.

Madre soltera, un punto. Ganas por debajo de tanto, otro punto.  Que no tienes casa estable, punto por el pecho. Te pega tu marido? puntos varios. Y así, vas intentando rescatar miserias para ver si sumas más que tus vecinos.

Empiezas a evaluar a los que ves por el vecindario con niños como el tuyo, o sea posibles contrincantes. Éste compra en el chino, tiene menos que el otro que llega del supermercado... Aquella tiene tres hijas, familia numerosa: punto! Que disgusto.

Hasta cruzan por tu cabeza ideas bizarras, ¿y si ganara menos? ¿Y si nos divorciamos? Y si, y si...  Visto desde fuera tiene que ser increíble... Gente queriendo ser la más pobre, la más infeliz, más miserable.

Lo intenté la primera vez pero sin duda, nuestras miserias no alcanzaron a las de nuestros vecinos. Recolectamos muy pocos puntos porque somos, dentro de la modestia total, una familia bastante arregladita y eso no suma nada.

Fui descubriendo después que a la gente no solamente se le cruzan cosas por la cabeza como fabricar miseria (como a mí) si no que efectivamente lo hacen. Escuchas comentarios como: -mi chico y yo no nos vamos a casar nunca, así yo aparezco como madre soltera y tenemos puntos-. Su "chico" como mi compañera lo llama, tiene 48 años y los niños tienen 12 y 14, pero ellos van de novios. Otra te suelta, -lo ideal es tener dos hijos, claro yo al final tuve tres porque con "familia numerosa" tienes un montón de facilidades-.

Para que sepan lo que no viven aquí, tener “familia numerosa” es una condición legal, como ser divorciada, te dan hasta tu tarjetica y todo para que entres en los descuentos y otras alegrías que compensen el esfuerzo de criar varios a la vez. También hay “familias numerosas de régimen especial” y esas ya son las valientes que tienen 4, 5, 6 hijos y más.

El comentario que se lleva el primer premio sin duda alguna fue el de una compañera del trabajo, más básica que un martillo, que soltó que ella se iba a tomar unas pastillas que le dijo una amiga, que son hormonas y que con eso se quedaría embarazada de gemelos y así te dan cupo en todos lados.  Cágate! La tercia es capaz de tener dos hijos más para conseguir que su hija mayor estudie en donde ella quiere. Es como lo de tener un bebé para utilizar las células madre del cordón para curar a tu hijo mayor, pero todo a lo bestia.

Viendo el panorama, entendí que tengo mis limitaciones y que si bien  llevo un puñal en la boca cuando se trata de luchar por Pablo, se sabe de gente que ya ha avanzado a machete o directamente con una Smith & Wesson calibre 38.

Aun así, había que insistir, todos los días veía el colegio de Lego para ilusionarme con lo bien que estaría ahí mi pulga.

Inicié todo el proceso por segunda vez, a pesar de que sería el último año de guardería de Pablo, porque sólo son tres. Mucha gente me dijo, ¿pero lo vas a cambiar? Pues sí, claro, si sale lo cambio, un año en es un año!

Presenté todo el papeleo, reuní cuanta miseria me fue posible acopiar, entregué una carpeta (coordinada por Ricardo) que habría valido para Cadivi del nivel de orden y detalle. Monté la cacería de fechas, envié recordatorios a mi agenda, a la de Ricardo y los dos celulares, hice todo.

Se presentó allí mi suegra puntualísima el día uno de las entregas de los requisitos con su carpetica perfecta llena de papeles. Averiguó además que también puntuaba haber rebotado el año anterior, cosa que era un punto que no podíamos dejar perder.

Pasaron varias semanas y me saltó en el Outlook el recordatorio de que publicaban las listas.

Mi suegra fue corriendo a primera hora a ver y nada, ni un post-it diciendo algo, volvió a la hora y nada… aquello era un suplicio, dudando de la fecha, del día, del lugar, de las listas… de todo. Finalmente como a las 5 de la tarde, pegaron unos papeles en la pared de la entrada de la guardería donde decía por un lado “Admitidos” y por el otro “No Admitidos”… fueron sutiles de no poner el antónimo.

Como era de esperarse ahí estaba mi querido Pablo Naya Febles, bien grande para que no se confunda, en la lista de los rechazados… de los no admitidos, mejor dicho

Ya lo sabía, pero igual me jodió, la verdad. Ese era el último año escolar, era ese o nada.


Más jodida quedé cuando me llamó una amiga y me dice: -mi niño entró ahí al lado de tu casa!!! Ya nos pondremos de acuerdo cualquier cosa, como está al lado…- y como si nada me suelta: -yo metí los papeles por no dejar, porque ni me acordaba, pero como tuve que hacer los del mayor, aproveché…-

“Aproveché?”, como quién aprovecha de lavarse las manos cuando tienes ganas de hacer pipí. Una tarea a la que yo le había dedicado horas de investigación, ella “aprovechó” y quedó.  Reconozco que era pura envidia, y de la mala. La buena mujer se merecía el cupo, pero hubiera agradecido no haberme soltado el detalle de lo fácil que le resultó.

Recién pasaba el disgusto unos días después y me saltó otro recordatorio de que mañana y sólo mañana se podía apelar si creías que no te habían dado los puntos que necesitabas. Ya yo estaba derrotada, pero claro me había puesto los recordatorios de todo el proceso en la agenda… just in case.

En la mañana agarré los papeles y le pedí a Ricardo que fuera a protestar a ver si se habían dejado algo por fuera. Me dijo: tengo mil reuniones hoy y además la protestadera es sólo de 10:00 a 12:00… dime tú, si eso no es a propósito, en la mitad del día para que directamente no vayas o que no vayas a trabajar y le expliques a tu jefe que vas a ver si puedes sacar un punto más por alguna parte. Ricardo me soltó un “si puedo voy”, lo que suele traducirse como un NO rotundo.

El caso es que sí fue, no sé cómo pero fue, vio el colegio y me llamo de allí diciendo: - si te gusta por fuera, menos mal que no has entrado porque es increíble por dentro…  No hizo falta verlo, ya nada más con esa explicación me quedé en colapso.

Te digo de verdad que el nivel de estrés que se genera con estas cosas no es sano. Ningún estrés es sano pero este es maldito.

Recordé un documental que vi hace un tiempo, resulta que en Japón el peo para entrar en la universidad es de tal magnitud, que las mamás de los que lo intentan peregrinan como dos semanas a un templo en el carajo viejo, descalzas y se tiran una semana orando a Buda u otro que no sé, es como pariente de él,  para que sus hijos sean admitidos. Cuando vi eso pensé, que intensos los japoneses para todo… Pero ahí me tenías a mí, dispuesta a caminar con garbanzos en los zapatos hasta Lourdes, si eso colaboraba con el cupo de mi chiquito en el lego gigante.

Unos días después me saltó otro recordatorio sobre la publicación de listados definitivos. Pensé en ignorarlo porque de verdad que estaba harta de que me dijeran que eso no era para mí. Le pedí a mi suegra que cuando pasara por ahí para ir a recoger a Pablo a su mini-guardería, si no le daba mucho calor ni mucha flojera y si no tenía otra cosa que hacer, que pasara y viera las listas.

Ella, que tendría una sensación de frustración parecida a la mía, fue, por no dejar, revisó la vaina y de repente, ¡coño! ¡Pablo esta admitido!!! Se leyó todas las listas, las de sí, las de no, la de otros años que no eran el Pablo, todo, y ahí estaba sin duda! Pablo entró! Siii… Somos una familia pobre y suficientemente miserable para merecer el colegio de colores!!! Que emoción!!! foto con la lista, foto con Pablo… Risas, abrazos sentidos, lágrimas contenidas… Someeeeeewhereeee over the rainbow…

A partir de ese día me cambió mucho la perspectiva de la pobreza… después de ver como no sólo hay competencia para ser más ricos, sino también para ser más pobres!

Hay batallas que se libran y que uno ignora porque la imaginación sola,  no nos da para tanto!


Suerte a los pobres que lean esto! Ánimo para la batalla!!!