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Odio los grupos de Whatsapp

Odio los grupos de Whatsapp… Ay sí!
La reacción que tenemos hacía los grupos de Whatsapp son la versión digital de lo que pasa con la revista HOLA!.
Todo el mundo dice que no la lee pero es la revista más vendida en España aunque cueste el triple que el resto. A nadie le interesan los cotilleos que vienen dentro, y es raro porque cuando entras a una peluquería nunca la encuentras libre y si lo logras te das cuenta que la pobre revista está desarmada del manoseo, con todo y que el tiraje es semanal. No tiene más de tres días y necesita restauración. Además tiene un sello de la peluquería en cada página dada la cantidad de robos. Aun así, “nadie la lee”.
Igual pasa con los grupos de Whatsapp, a nadie le gustan y todos estamos dentro.
No hago más que ver videos (irónicamente en Facebook) que nos ilustran cómo es que dejamos de hacer cosas importantes por estar mirando el móvil. Ves videos dónde una madre desnaturalizada mira el móvil mientras su hijo, desolado, juega con sus Lego a su lado, soooolo... (Música de devastación post apocalíptica)
Lo primero, para entendernos, yo soy una madre desnaturalizada, eso seguro. Veo mi móvil mientras mis hijos juegan con Lego sí, pero Lego StarWars Yoda Chronicles Game en la tableta!  Los auténticos bloques de colores sólo los usan cuando yo los vigilo porque si no, se quedan pegados al digital.
Ahora bien, ni ellos están todo el tiempo con la tableta ni yo con el móvil, porque les pongo límites y no me queda más remedio que meterme dentro. Ahora, qué no me guste? No, eso es muy distinto.
Jamás arrancarás de mis labios que el Whatsapp es aburrido o perjudicial. El fastidioso puede que seas tú y te veas reflejado, de resto no entiendo por qué puede parecerte aburrido. Si además eres tú quien decide el tiempo que le dedicas, porqué lo haces si no te gusta?
Escribo sobre esto porque creo que hay que bajarle la intensidad al lamento que afirma que no vivimos la vida por estar pegados al teléfono. Si es que el teléfono es parte de la vida y además lo es en la medida que lo decidas tú. Con pocas cosas podemos darnos ese lujo. Siempre tienes la opción de no usarlo, la gente descubrirá que tú no respondes y resolverá con antiguos métodos de comunicación para encontrarte. Hay quien cree que eso es imposible, pero yo doy fe: vivo con ese mito en casa.
La última conversación, vía mensaje, que tuve con Ricardo fue hace dos semanas para que trajera leche de camino a casa. (Por llamar conversación a: -Antes de subir, compra leche en el chino – Ok) Y que no hable conmigo, que me tiene más que vista no es lo grave, lo asombroso es cuando ves en su teléfono: última conexión y es de hace las mismas dos semanas.
Pero no estoy escribiendo para dejar a mi marido en la calle porque él pasa del Whatsapp y las redes sociales, no revisa su mail personal, no da el de la oficina y además si va en copia y no en el “to” lo archiva directamente sin leer. Lo que pretendo es decirle a los que creen imposible esa desconexión, que sí se puede. Es una decisión que tomas y no estás, no participas y no te enteras. Y no pasa nada de nada.
Eso sí, te pierdes en plena era de la información y vas por ahí despistado. Las cosas como son.
Si por el contrario, te relajas, cumples algunas normas y te dejas llevar, te integras en una sociedad digital que tiene muchas ventajas.
De la familia por ejemplo te enteras bastante. El grupo familiar, mejor dicho, los grupos familiares, porque hay varios, son la nueva versión de la reunión navideña pero ahora internacional y permanente.
Yo tengo como seis grupos familiares, todos se llaman “Family no sé qué” porque como todo el mundo tiene muchos, nadie pone “Family” solamente, sería un caos. Te juro que ni cuando me casé fui consciente de tener tanta familia.
Tengo un grupo de hermanos, otro de hermanos con papás, uno de primos solos, uno que está desde mi tía de 75 años hasta mi primito de 8 (que por cierto, al padre si lee esto: un poco pronto le diste móvil, no?... te dejo esto para otro post, el que avisa no es traidor).

Estas unidades de agrupación se repiten por el lado de papá, de mamá y por los políticos… en el fondo 6 no son tantos. Con alguno, tipo los primos de Ricardo, saqué mi bandera blanca y me salí.
El que no se agrega a estos grupos se pierde de alguno ejemplares de afiliación obligatoria: está el que manda chistes kilométricos con risas al final (ja ja ja, je je je, depende), el que escribe bendiciones con ángeles incrustados más largas todavía que los chistes del anterior, la que manda fotos de sus hijos non-stop, como si los demás no tuviéramos o fueran más feos que los de ella, eso junto con los que dialogan el día entero sin parar (¿no van a la oficina?) están además los que son unos fantasmas, se sabe de su presencia pero no dicen nada jamás. Todos en un grupo y todos nos queremos más o menos, como en la vida real.
Los grupos familiares tienen la ventaja de los cumpleaños por ejemplo, siempre hay alguno que es un crack de las fechas, se acuerda, felicita y detrás vas tú como si ya sabías. El agasajado se siente bien porque TODA su familia se acordó y tú te sientes mejor porque a tu manera también te acordaste.
Estos grupos son sanos. Hay que silenciar los avisos, eso sí, porque te pueden despedir de tu trabajo como el teléfono suene cada vez que te llega un mensaje.
Lo mismo, sin el cariño, pasa con el grupo de madres del colegio. Ahora es requisito mandatory tener grupo de padres. Igual que con lo demás, puedes no estar, pero allá tú. Si yo no estuviera mis chicos no habrían ido a ningún cumpleaños. Todavía se usa la típica tarjetica de “te invito a mi cumple”, pero yo necesito que me machaquen más, que me lo recuerden en el día, que me digan quien compra el regalo comunitario y que alguien los lleve que yo lo busco a la salida. En fin, que lo hago por ellos, para que no los desplacen.
En el grupo de padres hay de todo como en el familiar y evidentemente, tienes un grupo por hijo, (No sé cómo hacen las madres del Opus. En realidad no sé cómo hacen nada.) Esta variedad genera además un traspaso de información de unas clases a otras que te digo, los niños de ahora tienen que darle una vuelta a como guardar secretos.

Hay madres fantasmas también como no, nadie diría que están ahí. Hay otras pica pleito que les encanta montar originales discusiones que no llevan a ninguna parte, como decir que en el cole nos están estafando con las clases de inglés (which is true). 

Están unas que son mis favoritas, Las Recordadoras, esas son unas santas que ponen: “acuérdense mañana de llevar un bote de Pringles para la manualidad del Día del Padre” Esas son como el Outlook, imprescindibles. Hay incluso un estadio superior, las Recordadoras Militantes: “estoy en la tienda comprando la tela de rayitas blancas y rojas que nos pidieron para el disfraz de navidad, ¿alguien quiere que se la compre?” Bueno, bueno, bueno, eso para mí es como si el cura me preguntara –Hija mía, quieres que te bendiga?- yo a estas les haría una estatua.
En estos grupos también hay las clásicas que les importa demasiado todo: “mi hijo ha perdido un caballito marrón” y a ver si las otras treinta y dos mamás podemos mirar en los bolsos de los niños por si aparece el equino que su angelito no puede dormir.
Con respecto a esto debo decir: a.- ¿soy yo la única idiota que no deja a los niños llevarse juguetes al colegio? b.- si se le perdió que lo resuelva él, verás que no vuelve a llevar un juguete importante. c.- si mi hijo lo tiene le voy a armar un lio que te mueres pero créeme, jamás lo voy a dejar en evidencia en el chat. Lo regreso a la profesora y eso queda hasta ahí.
Esas mamás son un coñazo, igual que las que creen que las otras madres estamos por la labor de robar los uniformes o los juguetes de los demás críos. De estas hay varios tipos y lo notas en los mensajes. La más común y normalita es “he perdido la sudadera, dice María Suarez en la etiqueta”, Bueno, pesada es, pero hay que intentarlo, la entiendo perfecto (sobre todo por el precio de la sudadera con el loguito del cole) Por otra parte está la delicada: “Un niño se ha llevado la sudadera de mi hijo, por favor devuélvanla”  A esa le digo claramente, prefiero quemar la sudadera de tu hijo antes que darte la razón. Menos mal que los míos no son recolectores sino perdedores de cosas.  Ya tendría alguna enemiga fijo.
Los niños tienen que cuidar sus cosas y entiendo el disgusto de los padres, no crean que no lo he vivido. Pablo una vez fue al parque con su colección de cromos de futbol, bajó con 120 y subió con 5!!! ¿Saben que quería hacer yo? Ir al parque y repartir tortazos a diestra y siniestra, recuperar los cromos y decirles a esos niños que son unos canallas, que les auguro un puesto futuro en la delincuencia organizada y que Pablo tiene quién lo defienda, que vayan a joder a otro. Pero no, no lo hice. Regañé a Pablo por pendejo y maté mi rabia comiendo chocolate.
Los grupos de Whatsapp dejan a los padres al descubierto. La ventaja es que te va dando pistas de con quién juntarte y más importante aún, con quien no hacerlo.
Me encantaría diseccionar mi grupo como Dios manda, tengo clasificada cada conversación. Pero no es plan, a ver si le van a hacer bullying o moving o lo que sea a Pablo porque su mamá dejó en ropa interior a las mamás del chat, perdón, a los papás, porque en mi grupo también hay un papá. Es un padre como de mentira, nos recuerda qué hacer incluso con nuestros niños que no son de su clase,  en plan: “Virginia no, el tubo de Pringles es para Pablo mañana, para Andrés tienes que llevar un  brick de leche vacío el miércoles”. Yo soy súper fan de ese papá, encima es guapo. Menos mal que su mujer me cae bien, es encantadora y médico. Entiendes claramente como pescó ese partidazo y no se te baja la autoestima demasiado.
En fin, que los grupos de Whatsapp son una nueva manera de comunicarnos y funciona. Tiene sus normas como todo método de comunicación, como que quien habla debe dejar terminar a su interlocutor para continuar, norma universal que se respeta en todos sitios menos en los programas de tertulias de la televisión española.
Whatsapp tiene, y no son muchas:-Silenciar los grupos, -Responder, si ya abriste el mensaje y sabes que se han marcado los ticks azules,-Quitar la fecha de la última conexión si tienes paranoia, eso sí, también dejas de ver la de los demás, porque el tipo que hizo estas normas tiene un gran sentido común y dijo, “no quieres decir?” Bueno, “pero no puedes ver!” Toma ya! También te deja en evidencia cuando te sales de un grupo, eso me encanta!“Fulano ha abandonado el grupo” Muy bien, muy bien. Para que el que lo haga se lo piense antes de irse. Tampoco la libertad total, todo tiene su precio.
Acaso de niño podías dejar de invitar a los tíos a la Primera Comunión porque tu primo era un pesado que atacaba a todas tus amigas? Absolutamente no, te jodías con el baboso in-situ. No había forma de prescindir de ciertas relaciones. Tampoco de ciertos grupos de Whatsapp.
Yo no pierdo el tiempo mirando el móvil, lo uso. Mis hijos no están dejados de la mano de Dios porque su madre está en Whatsapp, están viendo como los adultos se comunican en esta época vertiginosa. Mis hijos saben que su mamá no es todopoderosa porque sabe que hoy le han castigado en el cole, saben que me lo dijo otra madre del chat, y si aun no lo sé están seguros que alguna me lo va a decir.
En fin, que lo que me parece una pérdida de tiempo es estar criticando los grupos y quedarse dentro. Para una cosa que funciona…
Y por cierto, yo cuando voy a la peluquería quiero ver la HOLA!, no quiero leer otras que intentan ser como ella, yo quiero el revistón de toda la vida,  de fotos posadas y pagadas de ricos millonarios con mansiones y vestidos de mal gusto.