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El genio que me hizo ser normal

Hoy he conocido a un chico genio llamado Ximo. Un cerebrito de esos que andan deambulando por ahí, que aún no le habían salido todos los pelos de la barba y ya había sido Presidente Encargado, Asesor General, Consultor de Asuntos Varios, CEO, CFO, gana montañas de dinero, tiene una empresa más que rentable y además, si un cliente no le cae demasiado bien, le dice que no va a trabajar con él. Punto.

Fíjate si hay que tener éxito para darse ese lujo. En términos empresariales, creo que se define claramente una firma como exitosa si puede aplicar ese  parámetro: “Acepto un cliente si me da la gana”.

Llegar a eso es lo máximo.  En contexto doméstico, es como decir que en tu cocina puedes guardar los tupper-wares con la tapa puesta. O sea, mientras estés apilando y poniendo las tapas en un ladito o dentro del tupper más grande, estás en la inopia.

Volviendo a la lumbrera de hoy, Ximo para el mundo, lo escuché en una conferencia, más que decir que lo conocí. El buen hombre (muchacho imberbe) seguramente tendrá su lado oscuro como todos los geniecillos que socialmente no son fáciles, no lo sé, pero a mí me cayó bien. El caso es que después de dos horas de autobiografía bien contada sobre sí mismo, salí de la conferencia con una sensación rara, una distancia que no sabía explicar muy bien.

Durante el camino de regreso le daba vueltas y no era capaz de encontrar como describirla, pero percibía que yo no era la única, así que empecé a tirarle de la lengua a todos lo que venían caminando conmigo y de pronto mi compañero Antonio dijo:

-es que yo, la verdad, después de escuchar a este tío, me siento un poco… normal…-

Aaahh…. Eso es! Esa es la sensación que tengo! Uff… qué normal que soy! Es más, creo que incluso rallo en el aburrimiento.

Si mi vida fuera un bolso no encontrarías demasiadas cosas dentro. Es más, en mi bolso de verdad hay poquísimas. Ya sé que la norma manda que las mujeres tenemos muchos trastos que llevar, pero un día me di cuenta que yo cargaba con peso inútil, como el maquillaje, por ejemplo. Yo me maquillo a veces, y cuando lo hago es al salir de casa y después se acaba para siempre, sencillamente lo olvido.
¿Qué objeto tendría cargarlo para acá y para allá? Fuera bolsito de maquillaje.

La semana pasada, para afuera los lentes de sol, porque jamás los uso. No me molesta el sol en la cara ni aunque los rayos caigan perpendiculares en mis pupilas. Los tengo por cumplir y claro, como nuevos, ni una raya desde hace diez años. Así que ahí están, estacionados en mi mesa de noche esperando cualquier ocasión en que los necesite para mantenerme el pelo a raya.

Tengo una vida sencilla a todo lo largo y ancho de la sencillez misma, y seguro que a más de uno le parece lo mejor, pero no sé qué decirte, la verdad.

Yo no necesito ser un genio en nada, un espécimen solo visto en conferencias y videos de UPSOCL.  Yo quiero una vida sencilla con un reducto de perfección, para mí eso funcionaría bien y no puede ser tan difícil, porque tengo ejemplos a patadas.

A mi amiga Pachú le gusta la moda y ahí está, es una mujer normal, con una parcela de perfección, genialidad, brillantez o como quieras llamarlo.

Ella no lee Vogue, la estudia, analiza y disecciona cada página. Me dice que hay colores que se llaman: topo, que las carteras sin cuerdita se llaman clutch y que el antiguo azul eléctrico ahora es azulón. Resulta que Pantone es del neolítico superior, la cosa ahora va de rosa palo, blanco roto y marrón tabaco. Yo me quedé para siempre en la paleta cromática Prismacolor. Sé justo una pizca más que un hombre porque conozco el fucsia, pero hasta ahí.

Pachú no solo entiende de moda, la usa y la vive. Tiene unos zapatos increíbles, Jimmy Choo, Loboutin y no me acuerdo más nombres, pero en esa casa hay zapatos para calzar un cuartel. Una vez entramos a su casa, ya ella se había quitado los taconazos en la entrada, y cuando Pablo los vio me preguntó: -¿Mamá, eso es un adorno?...

Desde que la conozco, aprendí lo que existe una mujer llamada "it girl" y descubrí en simultáneo que yo no lo era, ni de lejos.

No me malentiendan, a mí no me desvela la moda en absoluto, lo que me deslumbra es ver a mi amiga que lo que le gusta lo hace con esa pasión e intensidad y entonces es la que más sabe de bolsos, carteras, colores y moda de la de verdad, verdad. Ella sabe lo que hay que llevar y lo que no, cuándo y cómo. Lo que está "in" y lo que está "out".

Menos mal que su pasión no le funciona de corte para las amistades. Yo soy su amiga Off Off como los teatros pobres de Broadway.

Otro caso similar es mi hermana Eugenia. Ella es interiorista y si vas a cualquiera de las casas donde ha vivido te das cuenta que no sólo es su profesión sino que le corre por las venas. Cada habitación parece que saltó de Architectural Digest a la realidad. Te da una cierta angustia que tu paso  desordene algo, todo lo miras pensando: -Qué buena idea poner eso ahí… ¿cómo no se me ocurrió?-, Pues no,  ni se te va a ocurrir, porque no es lo tuyo, es lo de ella, está clarísimo!

Imagínate que el cuarto de mi sobrino, que es un bebito, es gris. Gris!!! (versión prismacolor) Nada de azul pastel y ositos, no, no, nooo… es gris!!!, y te juro que es un primor de habitación. Algo que evidentemente jamás se me habría ocurrido a mí. Para referencia, el cuarto de mis hijos es azul, por lo menos no tiene ositos, pero sí piratas, lo siento, no doy para más en el referente decoración.

Pero como en el caso de la moda, la decoración tampoco me lleva la vida. Mi hermana ya sabe lo que hay, me conoce y conoce mi casa, sabe que todo está donde predeciblemente tiene que estar, ninguna idea descollante.

No me cautiva la moda ni la decoración, Vogue y Architectural Digest me parecen carísimas y en realidad yo no busco ser así, además para qué si ya las tengo a ellas? Por fortuna. Lo que admiro y lo que quiero para mí es tener un pedacito de perfección, un nicho de genialidad como el de ellas. Lo veo en todos lados, en muchas personas y en mí no.

Yo, de momento me encuentro cómodamente arrellanada en la normalidad, en la más absoluta normalidad.

Tengo un trabajo razonable, una casa bonita, unos hijitos lindos, un esposo bueno, unos papás que pretendo imitar, unos hermanos que adoro, una abuelita jodedora y una tía que admiro, una familia arregladita. A veces voy al cine, me gusta el sushi y también Mc Donalds, tengo amigos, todos buenísimos. Muero por los programas de Asesinatos sin Resolver y jamás me he peleado con nadie, si acaso tomo distancia prudencial, nada más.

No soy fanática seria de ningún cantante o grupo musical, me gusta básicamente lo que ponen en la radio. No tengo tengo amor desmedido por ninguna serie ni ninguna película, me gusta mas o menos todo. No soy partidaria de trotar ni de montar en bicicleta, empiezo dieta los lunes y la rompo los jueves. No me compro ropa porque aún no he bajado de peso. Me visto mezclando prendas unicolor y me recojo el pelo con un moño que mi madre odia, aunque lo tenga corto.


El caso es que yo no sé si quiero ser como Ximo, además ya voy tarde. Tampoco soy capaz de ponerme taconazos sin hacer el ridículo y menos de preocuparme por si escogí correctamente los cuadros de mi casa.

Quizás ser normal tenga su peculiaridad. Su habilidad especial… A lo mejor es lo más difícil y ya está!.

¿Será que encontré mi nicho?: Soy normal...y no es fácil... Además, no venden revistas que te orienten.